Es la eterna pregunta: ¿de verdad es factible lanzarme a montar mi propia empresa? Y, evidentemente, la respuesta no es sencilla. Influyen tantos factores como tipos de negocio y personas dispuestas a llevar las riendas de los mismos.
Desde las motivaciones que nos llevan a emprender hasta la existencia de una verdadera oportunidad de negocio, pasando por las actitudes y aptitudes de cada emprendedor, emprender o no está sujeto a una serie de consideraciones que hay que tomar muy en cuenta antes de “lanzarse a la aventura” del emprendimiento.
Porque crear y consolidar una empresa es un proceso complicado en el que entran en juego factores tanto personales como profesionales.
VENTAJAS DE EMPRENDER
Estabilidad en el empleo
En el contexto laboral en el que nos hayamos inmersos,
“trabajar en una empresa toda la vida”, al menos como empleado, empieza a
difuminarse en favor de una mayor movilidad laboral, pero también de una mayor
incertidumbre. La generación de autoempleo no está exenta de esta incertidumbre
ante el futuro, pero la continuidad o no de la actividad depende de factores
económicos y de negocio, y no de otro tipo de decisiones.
Autonomía
Como emprendedores, somos nosotros los que marcamos el ritmo
e imponemos las normas que regirán nuestra actividad. Si bien es cierto que,
como explicaremos más adelante, exige una gran dedicación, horas y esfuerzo,
ser “nuestro propio jefe” nos permite decidir de forma autónoma cuál es el
mejor momento para realizar determinada tarea o cuál es el nivel de exigencia a
aplicar.
Sobra decir que este tipo de decisiones han de moverse
siempre dentro de los principios de responsabilidad, perseverancia y búsqueda
de la excelencia y de la calidad si deseamos el éxito de nuestro negocio. Pero
también nos permite poner en marcha nuestras propias ideas y metodologías de
trabajo, adaptar la actividad a nuestras necesidades y decidir en qué grado
queremos conciliar nuestra vida laboral y familiar.
Si optamos por emprender junto con otros socios
sacrificaremos parte de nuestra autonomía por una mayor capacidad. Si es
nuestra decisión debemos ser concientes de los riesgos que entraña y cuidarnos
de no cometer los típicos errores al buscar socio.
Satisfacción personal
Porque, para muchos, nada produce más satisfacción que un
trabajo bien hecho, sobre todo si se desarrolla, desde su gestación hasta su
ejecución, bajo nuestra propia percepción de cómo debe realizarse.
Este tipo de satisfacción está relacionada con nuestra
puesta en valor como individuos a través del planteamiento y superación de
diversos retos, de aplicar de forma productiva e imaginativa nuestras
habilidades y de obtener resultados fruto de nuestro esfuerzo, nuestra
dedicación y nuestra pasión.
Luchar por algo propio
Muy en la línea de lo anterior, emprender significa poner un
proyecto en marcha, especialmente cuando entraña dificultad. Emprender es una
lucha diaria por superar retos y obstáculos, pero esta batalla se hace mucho
más llevadera cuando tiene por objeto la consecución de los objetivos que
nosotros mismos nos hemos marcado.
Pero no sólo están en juego nuestras aspiraciones, sino
también el tiempo y el dinero que hemos invertido en nuestro proyecto, los
sacrificios realizados para ponerlo en marcha y la posibilidad de legar ese
fruto de nuestro esfuerzo a futuras generaciones.
Mayores ingresos
Quizá éste sea uno de los puntos más controvertidos, pero,
si nuestro proyecto está bien planteado y finalmente tiene éxito, podemos
aspirar a tener mayores ingresos que trabajando por cuenta ajena.
Si bien es cierto que, en ocasiones, en las etapas iniciales
de una empresa los gastos son mayores que los ingresos, por lo que es
recomendable contar con un remanente y un plan económico en el que hayamos calculado
durante cuánto tiempo podemos “permitirnos” perder dinero antes de empezar a
obtener beneficios, una vez llegados a este punto, las posibilidades de
incrementar nuestra percepción económica también aumentan y, además, ésta irá
en relación con el éxito económico de nuestro proyecto empresarial.
Prestigio social
Poner en marcha y consolidar una empresa que, con su
actividad, sea capaz de cubrir necesidades y demandas reales y contribuya a la
mejora del entorno en el que vivimos puede constituirse como una gran fuente de
reconocimiento social que, si bien no ha de ser el fin último, puede abrirnos
muchas puertas para seguir creciendo y evolucionando tanto profesional como
personalmente.
DESVENTAJAS DE EMPRENDER
Mayor dedicación
Cuando ponemos en marcha nuestra propia empresa, debemos
saber desde el principio que ésta requerirá muchas horas de esfuerzo y
dedicación, sobre todo al principio. Emprender significa, en muchos casos,
desarrollar muchas aptitudes y ser capaces de ponerlas en práctica todas a la
vez, esto es, ser “multitarea”.
Estar al frente de un negocio no significa sólo hacer caja a
final de mes, sino que el control y la supervisión de todas las actividades y
decisiones que se toman debe ser constante. De hecho, cuando se trata de microempresas,
suele ser una sola persona la encargada de desarrollar varias actividades
necesarias para el normal funcionamiento del proyecto, por lo que la dedicación
es todavía mayor.
No obstante, y tal como hemos explicado más arriba, tenemos
una mayor autonomía para decidir el cuándo y el cómo de cada tarea.
Riesgo económico
Son muchos los factores que determinan el éxito o fracaso
económico de nuestro proyecto empresarial, tanto externos, como puede ser un
entorno poco favorable, como internos, que pueden derivarse de una mala
gestión.
Como empresarios, los responsables de la viabilidad
económica de nuestro proyecto somos nosotros y, en especial, los autónomos y
pequeñas empresas, ya que en éstos casos el capital suele provenir de fondos
propios o de otras vías de financiación, pero de cuya deuda somos responsables.
Además, del éxito o fracaso económico del proyecto dependen
los beneficios o ingresos que percibamos y, por lo tanto, nuestra forma de
subsistencia. También hay que tener en cuenta que los ingresos pueden variar
notablemente de un mes a otro, por lo que es recomendable una cuidada
planificación económica.
Incertidumbre
En relación con lo anterior, la incertidumbre con respecto
al crecimiento y consolidación de nuestro proyecto empresarial es constante
para el emprendedor. Como empresarios o profesionales autónomos, somos los
responsables últimos de cada decisión, de cada éxito y de cada fracaso.
No existe una fórmula que garantice el triunfo de nuestro
proyecto y siempre cabe la posibilidad de que se produzca un giro inesperado de
los acontecimientos, por lo que es vital contar con un plan B en caso de que
todo falle.

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